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Los origenes

Año 1979. Los célebres años 70 terminaban para dejar paso a una nueva década mucho más controvertida, especialmente para los puristas del rock. Fallecen importantes figuras del panorama musical como Charles Mingus o Sid Vicious y los grandes pioneros del rock más duro – Zeppelin, Purple… – se encuentran en clara decadencia, incapaces de hacer convivir su estilo guitarrero con los sonidos de moda, en los que sintetizadores y efectos cobran cada vez más protagonismo. A pesar de ello, algunos grupos como Van Halen son capaces de nacer en este entorno y adaptarse a él a la perfección.

Ese mismo año nace en Bilbao una promesa de la guitarra. El pequeño Iñigo no tardó demasiado en comenzar a enredar en la estantería de su casa donde su padre guardaba cuidadosamente los LPs y casettes de sus grupos favoritos. El primer elegido fue un recopilatorio de las mejores canciones de Joe Cocker en los 60 y primeros 70. Iñigo no daba crédito a lo que estaba oyendo: aquella voz enérgica y desgarrada abriendose paso entre sonidos de guitarra y piano cambió su manera de entender la música. Su padre, al comprobar la atracción de la criatura por aquellas endiabladas melodías, dijo: "creo que los Rolling también te gustarían; por aquí tengo un disco suyo…". Desde aquel momento Iñigo no dejó de pinchar ese LP en su tocadiscos. El riff de Satisfaction le ponía la piel de gallina mientras se preguntaba cómo se podría hacer sonar así a una guitarra.

Conociendo el rock

La infancia de Iñigo transcurría rodeada de discos de Cocker, los Stones, The Who, John Mayall, Clapton (con quien Iñigo descubrió todo lo que una guitarra podía decir), Stewart y los Faces, Bowie… hasta que se produjo la explosión definitiva. Su padre le comunicó la noticia de que en la tele daban la película de Woodstock '69, donde podría ver en concierto a muchos de aquellos grupos que tanto le gustaban. Woodstock hizo que Iñigo disfrutara de la energía de todos aquellos grupos en vivo, y descubriera nuevos músicos que le harían ampliar su cultura. Pero llegó el momento de la sorpresa: alguien de quien Iñigo había oido hablar, pero a quien aún no conocía. "Papa, este tío no hace más que ruido con la guitarra". Menuda decepción para su padre: al niño no le había gustado Jimi Hendrix. Sin embargo, el sonido duro de aquella Stratocaster blanca ya había comenzado a envenenar su sangre, sólo quedaba dejar que el veneno hiciera su efecto. Por supuesto, Iñigo no tardó en hacerse con un disco de Jimi y analizarlo al detalle hasta encontrar la armonía en todos y cada uno de aquellos sucios acordes, y dejar que el brillo de sus solos le deslumbrara. Hendrix se había convertido en su nuevo idolo.

En el colegio no le resultaba fácil hacer entender a sus amigos su afición por el rock, pero no dejaba de intentarlo. Fue allí donde se forjó uno de esos grupos de amigos que duran para toda la vida. No importaba que después sus vidas tomaran rumbos muy diferentes, pero el grupo formado por Garry, Imanol, Jose – con quien compartía admiración por la figura de Loquillo –, Rober y Miguel nunca se rompería, incorporando años después a un gran fichaje llamado Tato, cuya lealtad ayudó aún más a la unión del grupo. Como anécdota, decir que cuando pasaron por la edad en la que todas las cuadrillas se hacían llamar bandas y se ponían nombres, el nombre de esta banda era "Hard Rockers" a propuesta de Garry.

1992 fue un año muy especial para ellos: su último año juntos en la escuela, el desmadre en el viaje de estudios, una huelga que les mantuvo una larga temporada fuera del colegio… andaban por el barrio como si fueran los dueños del mundo, como si ellos dictaran la ley. Un gran año también para que Garry tomara contacto con la música actual al publicarse dos grandes discos que le hicieron comprobar que todavía se hacían buenas canciones: Use Your Illusion, de los Guns and Roses, y Keep the Faith, de Bon Jovi. En aquel entonces ya había desarrollado su afición por las guitarras potentes y el hard rock, al descubrir a grupos como Led Zeppelín, Deep Purple y posteriormente AC/DC. Sin embargo, también se había dejado seducir por la vertiente más suave del rock reflejada especialmente en U2 y los Dire Straits, a quienes tuvo la oportunidad de ver en un memorable concierto en San Sebastián, cómo no, en compañía de su padre.

Los estudios musicales de Iñigo abarcaron sus años de colegio y de instituto, siendo casi completados a falta de un curso de violín. No quedó más remedio que abandonarlos cuando dejó de disfrutar de ellos por haberse convertido en una losa cada vez más pesada. La música es para disfrutarla, y no para esclavizar a las personas.

Estando ya en el instituto, acababa de descubrir a Van Halen y Extreme cuando fue invitado por su gran amigo Miguel a pasar un fin de semana en su casa de Ezcaray (La Rioja), donde coincidieron con unos conocidos de éste. La juerga se alargó hasta que cerraron los bares y después se juntaron en una de sus casas, donde mientras los demás jugaban a las cartas Garry comenzó una tertulia con dos de ellos, Ignacio y Worthy, que compartían gustos musicales entre ellos. Ambos se emocionaron cuando comprobaron que su afición también era compartida por Garry, y especialmente cuando pasó la prueba de fuego: "¿Y te gusta el grunge?", le preguntaron, a lo que Garry respondió: "¡¡Noooo!!", añadiendo después que había oido alguna buena canción de Soundgarden, pero eso era todo. Así comenzó una amistad cuya base era la música, Van Halen, Zeppelin, Black Sabbath, Ozzy, Extreme, Stevie Ray Vaughan, Richie Kotzen…

Tocando rock and roll

En su segundo año de instituto, Garry coincide en clase con uno de esos tipos que representan una especie única en el mundo: el Rul, quien comenzó siendo un chaval introvertido para acabar convirtiendose en la persona más cachonda de todo el curso. Garry había conseguido con gran esfuerzo convencer a sus padres para que le permitieran comprarse una guitarra eléctrica – con sus ahorros, por supuesto –, y había comenzado a hacer sus pinitos con ella. Pero pronto supo que aún le quedaba mucho por aprender. Fue poco después de que llegara a sus oídos que el Rul también tenía afición por la guitarra y pasaba largas horas en su casa practicando: un buen día organizaron una sesión guitarrera en su casa, y Garry se quedó boquiabierto. Alguien que no tenía sus estudios musicales le estaba ofreciendo toda una demostración de técnica, riqueza, sensibilidad y creatividad. Su amigo era capaz de improvisar deslumbrantes solos sobre la base de cualquier canción. El Rul, además, contribuyó a ampliar la cultura musical de Garry, quien gracias a él descubrió a las grandes figuras de la guitarra eléctrica contemporánea: Satriani, Vai, Malmsteen, etc. Además, ambos descubrieron un grupo de rock progresivo que se convertiría en su principal referencia: Dream Theater.

Garry conoció buena gente en el instituto, Gorka, el Pepe, Capelo… pero sin duda el Rul se convirtió en una de sus grandes amistades. En ocasiones se juntaban para tocar la guitarra, y no tardaron en tener una curiosa oportunidad de enseñar al mundo su habilidad con las seis cuerdas. Los grupos de catequesis de la Salle pedían la colaboración de alguien que supiera tocar la guitarra para una actividad que organizaban en la capilla del instituto. La actividad consistía en narrar una parábola en la que las notas musicales eran protagonistas, y el cometido de los guitarristas era ilustrar con música dos momentos de la parábola: el primero, la disonancia y el ruido cuando las notas no estaban ordenadas – no cabe duda de que al público le quedaron bien claros estos conceptos, jua jua jua… –, y el segundo, la armonía de las notas cuando se ordenaban en una bonita canción – en este caso, sin embargo, hubo a quien la canción no le pareció tan armoniosa como hubiera querido, especialmente quienes esperaban que sonara a música celestial… –. Poca gente puede presumir de haber tenido un debut tan friki ante el público, y es por eso que el Rul y Garry recuerdan con cariño esta hazaña que bautizaron como Live at the Capilla.

Ese mismo año el Rul dejó el instituto, y un año después tuvo lugar la fiesta de graduación, un acto solemne en el que todos los chavales del instituto se vestían de pijos para recibir su orla, su diploma, su insignia… pero eso era lo de menos. Aquel evento necesitaba alguna actuación musical que lo animara, y se buscaba a jóvenes talentos que se graduaran ese año para hacerlo. En resumen, el instituto ofrecía un salón de actos bastante grande, abarrotado de público dispuesto a aplaudir a quien tuviera huevos para salir a tocar algo. Una de esas oportunidades que solamente se tienen una vez en la vida. Requería trabajo, pero sin duda merecía la pena. Garry no se lo pensó dos veces y llamó a su amigo Rul para hacerle la propuesta, y este por supuesto aceptó de buen grado. Sin embargo, ambos estaban de acuerdo en que el sonido de dos guitarras resultaría demasiado pobre sin una base rítmica, y entendieron que su actuación sólo podía convertirse en éxito rotundo con un bajo y una batería. Llamaron a Igor y Julio, dos antiguos alumnos del instituto que tocaban juntos en un grupo, y que recibieron la propuesta con gran ilusión y entusiasmo. Rul y Garry tenían clara la propuesta: un remix de unos 15 minutos con una introducción en la que la guitarra de Garry entraba como un relámpago sobre una base ritmica compuesta por el Rul, seguida de trozos del Cliffs of Dover – Eric Jonson –, Summer Song – Satriani –, Ain't Talkin' 'Bout Love – Van Halen –, y cerrando con un blues sobre el que ambos improvisarían un solo. Solo quedaba convencer al director del instituto, algo de lo que Garry se encargó prometiendole que serían buenos chicos y no harían demasiado ruido – una mentira piadosa –. Los ensayos funcionaron y los cuatro se entendían a la perfección. Llegó el gran día y los nervios se apoderaban de ellos. Entre sermones y discursos de la ceremonia de graduación una alumna tocó una pieza clásica con su violoncello. Se veían sonrisas en las caras de quienes al ver la batería y los baffles montados sobre el escenario imaginaban lo que se avecinaba. El tutor de la clase de Garry fue el encargado de presentar la actuación, quien con una sonrisa maliciosa dijo que "el grupo que cerrará este acto quiere dedicar su actuación a todos los profesores y padres de alumnos". Entre aplausos salió al escenario el cuarteto y comenzaron a interpretar su repertorio dejandose llevar por la emoción y contagiando su energía a un público también emocionado. Garry vió de reojo como una de sus profesoras, que se encontraba en un lateral del escenario escondida tras la cortina recogida para que el público no la viera, movía sus caderas al ritmo del blues final. Al tocar los últimos acordes el público estalló en aplausos. Algunos, entusiasmados, incluso se levantaron de sus asientos para aplaudir mientras los cuatro músicos se despedían agradeciendo sus aplausos. Qué gran día.

Garry comenzaba la universidad después de aquel verano, acompañado por algunas de las amistades del instituto como Ruben y Osorio. Sin embargo, ambos coincidieron en otra clase diferente a la de Garry, donde conocieron a todo un personaje: Pablo Ríos, gran aficionado a los años 60 y 70 incluso en su firma de vestir, y gran fan de los Beatles, Stones, etc. Pablo no tardó en entablar amistad con Garry tras conocer sus gustos musicales y saber que, al igual que él, dedicaba sus ratos libres a las seis cuerdas. El origen de las conversaciones sobre música entre ambos fue el concierto de los Stones previsto aquel año 98 en San Mames, primera ocasión en la que dieron a Garry una patada en el culo, pero no la última, que sería el año 2006 en Valladolid – menos mal que en el 2003 consiguió verles –. Pablo, además, solía tocar en un grupo que poco después se quedó sin guitarra solista y quiso rehacer todo su repertorio tras ello. Garry fue invitado por Pablo a formar parte de este proyecto y no tardó en incorporarse a aquella banda formada por Itziar a la voz, Pablo a la guitarra y coros, Mikel a la batería y Gonzalo al bajo, banda que acabó bautizada como Minimal. Fue una época muy divertida en la que los miembros de Minimal se juntaban todos los sábados por la tarde con unas cuantas cervezas frías a tocar sus temas. Pero las inquietudes musicales de Garry iban en sentido contrario a las del grupo, y acabó comunicandoles su decisión de abandonarlo para dedicarse a buscar su sonido. Poco después, el grupo se disolvió. Pablo ha seguido dedicandose a hacer canciones bajo el nombre de Paulinho Rios y ha actuado en varios locales de Bilbao.

El exilio

En el año 2002, poco después de finalizar sus estudios universitarios, Iñigo se ve obligado por motivos de trabajo a trasladar su lugar de residencia a Pamplona durante tres difíciles años que le mantienen alejado de la música casi por completo.

En este periodo, además, conoce a Maite, su gran amor, a quien se dedica enteramente y seguirá haciendolo el resto de su vida. Ella se convierte durante estos tres largos años en su principal apoyo, motivación y fuerza para superar con éxito esta prueba y encontrar el reconocimiento profesional necesario.

Superada la prueba, Iñigo ve hecho realidad su sueño de trabajar en Bilbao, y gracias a ello en la actualidad vive con su Maite en Gernika (Vizcaya) desde hace ya algunos meses. En pocas palabras, este es uno de los momentos más felices de su vida.

Hoy

Tras un necesario periodo de reflexión y descanso, Garry ha vuelto con más fuerza que nunca y dispuesto a dar mucha guerra. Que lo disfrutemos.

Miembros del Grupo:

garry

InvasionauroramusicalBar el magnumPonga aquí su anuncio.

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